lunes, 17 de febrero de 2020


UNA NOCHE PERFECTA

Sonó la alarma 7.30 a.m., esta vez preferimos levantarnos un poco más temprano que los otros domingos ya que no se trataba de un día cualesquiera, era una fecha especial, a pesar de la hora ya el sol nos presagiaba que sería uno de esos días calurosos de este verano del 2020, esta mañana opte por escuchar un par de boleros del cubano Vicentico Valdez, son su voz tan pastosa Y espesa como una noche si luna, recordándome con su canto esos días de niñez en que esta música formaba parte del ambiente sabatino en la casa de mis viejos, en fin hoy sería un día de nostalgias, una ducha y un desayuno ligero con la familia, y alistar todo para este nuestro día memorable, no podía quitar esa sensación de mariposas en el estómago, el reloj empezaba su cuenta regresiva, ya no de días, como nos hacía recordar CT en el whatsaap, sino ahora eran minutos, tratando de no olvidar nada en lo que estaba comprometido, descartando a último minuto la corbata por el calor que ya con toda su intensidad nos apabullaba, tomamos el taxi, a pesar de haber calculado mis tiempos iba retrasado; al entrar al cole nuevamente los recuerdos me jalaban a esos momentos en que regresabas de aquellas vacaciones que teníamos de esos largos tres meses; llegue al auditorio y aquellas escaleras que un millón de veces había visto me parecieron esta vez más pequeñas de como la recordaba; llegue a escuchar la misa del padre Nugent, una de las personas que influyo directamente en mi vocación por el arte y por ende mi profesión, note que todos los detalles estaban calculados al milímetro, tal vez por la misma ceremonia de la misa se veía todo en orden, formal, termino la misa y se regresó al recreo, las chapas, los abrazos, los chongueros de siempre, las fotos de rigor, los mil y un recuerdos en fin.
Llego la hora del evento central, la noche en el club regatas de la Punta, regresábamos nuevamente a la “escena del crimen” de aquella noche del 79, nuevamente se notaba lo bien organizado de este evento, te recibía una anfitriona que te dirigía a la mesa que te tocaba integrar, sentí orgullo ver la gran caricatura en el gran salón del Regatas, sentí que el esfuerzo si valió la pena, encontrarme al ingreso con amigos que por años no veía, recordar aquel rostro que a pesar de las canas, el poco pelo, aun recordaba mi memoria; finalmente llego la orquesta que pondría el marco musical de la noche, desde el primer tema se notó la fuerza del sonido, de “salsa dura”, la pista de baile se abarroto desde el comienzo, salseros consumados desplegaron sus mejores pasos de baile,  Munives, Narciso, Morales, Montejo y Contreras, que con ese estilo callejero, que lo aprendes cuando has conocido la calle, este último contándome luego sus anécdotas de cuando la rompía en las salsotecas de Miami, yo contagiado por el momento hasta me atreví a olvidar mi accidente, soltar el bastón y como los otros más llevados por la euforia del momento, gozar cada uno de los temas tocados esa noche.
Me toco compartir mesa con Francisco Torres el buen amigo que siempre recordaba de la época del cole, aquí más bien parecía un deja vu como si hubiéramos regresado a las aulas y no hubieran trascurridos esos 40 años, una gran persona, igual con Abelardo Vargas y José Mesones, una gran mesa que me toco integrar; entre las muchas cosas experimentadas esa noche a mi gusto más allá de las palomilladas de las competencias de baile y los zarandeos al Cone, fue el canto del himno del colegio, realmente calo hasta lo más profundo de mi alma, tenía la sensación de integrar una gran logia secreta y participar en esos secretos rituales de cantos gregorianos que se transmitian de generación en generación, un gran momento solemne, y adelante las señoras cuales paparazis buscando la mejor posición para inmortalizar aquel momento, añadir los gritos del fotógrafo oficial el cual encaramado sobre una silla también hacia malabares por la mejor posición, momento realmente inolvidable.
Pero como aquel sueño que tiene que llegar a su final, o como aquel cuento que nuestras madrecitas de pequeños nos contaban antes de dormir y decíamos para nosotros que no termine, empezaba la cuenta regresiva, esta vez ya para concluir esta inolvidable noche, es así que ya casi concluyendo la noche me toco compartir con grandes amigos de siempre, Jorge Dávila y señora, una charla estupenda, como cerrando con broche de oro esta celebración, conversar con la compañera de Fernando Ophelan, una persona a la altura de como él lo es, entendiendo la razón por la cual Fer la eligió para esa noche como su acompañante, ver a un Fernando no solo realmente feliz , sino sentirlo feliz, todos quisiéramos que se repita esta noche mágica, pero como en la vida se confabularon mucha cosas en ese momento que lo hicieron irrepetible.
Agradezco el haber sido participe de este gran día, el tener esa extraordinaria dicha de su amistad; y si, la vida continua, hoy nuevamente en la rutina de nuestros días, pero esta vez con la satisfacción de haber participado y disfrutado de una noche perfecta…

Ismael Zarate – Maelo Producciones - 2020




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