UNA NOCHE PERFECTA
Sonó la alarma 7.30 a.m., esta
vez preferimos levantarnos un poco más temprano que los otros domingos ya que
no se trataba de un día cualesquiera, era una fecha especial, a pesar de la
hora ya el sol nos presagiaba que sería uno de esos días calurosos de este
verano del 2020, esta mañana opte por escuchar un par de boleros del cubano
Vicentico Valdez, son su voz tan pastosa Y espesa como una noche si luna,
recordándome con su canto esos días de niñez en que esta música formaba parte
del ambiente sabatino en la casa de mis viejos, en fin hoy sería un día de
nostalgias, una ducha y un desayuno ligero con la familia, y alistar todo para
este nuestro día memorable, no podía quitar esa sensación de mariposas en el
estómago, el reloj empezaba su cuenta regresiva, ya no de días, como nos hacía
recordar CT en el whatsaap, sino ahora eran minutos, tratando de no olvidar
nada en lo que estaba comprometido, descartando a último minuto la corbata por
el calor que ya con toda su intensidad nos apabullaba, tomamos el taxi, a pesar
de haber calculado mis tiempos iba retrasado; al entrar al cole nuevamente los
recuerdos me jalaban a esos momentos en que regresabas de aquellas vacaciones
que teníamos de esos largos tres meses; llegue al auditorio y aquellas
escaleras que un millón de veces había visto me parecieron esta vez más
pequeñas de como la recordaba; llegue a escuchar la misa del padre Nugent, una
de las personas que influyo directamente en mi vocación por el arte y por ende
mi profesión, note que todos los detalles estaban calculados al milímetro, tal
vez por la misma ceremonia de la misa se veía todo en orden, formal, termino la
misa y se regresó al recreo, las chapas, los abrazos, los chongueros de
siempre, las fotos de rigor, los mil y un recuerdos en fin.
Llego la hora del evento central,
la noche en el club regatas de la Punta, regresábamos nuevamente a la “escena
del crimen” de aquella noche del 79, nuevamente se notaba lo bien organizado de
este evento, te recibía una anfitriona que te dirigía a la mesa que te tocaba
integrar, sentí orgullo ver la gran caricatura en el gran salón del Regatas,
sentí que el esfuerzo si valió la pena, encontrarme al ingreso con amigos que
por años no veía, recordar aquel rostro que a pesar de las canas, el poco pelo,
aun recordaba mi memoria; finalmente llego la orquesta que pondría el marco
musical de la noche, desde el primer tema se notó la fuerza del sonido, de
“salsa dura”, la pista de baile se abarroto desde el comienzo, salseros
consumados desplegaron sus mejores pasos de baile, Munives, Narciso, Morales, Montejo y
Contreras, que con ese estilo callejero, que lo aprendes cuando has conocido la
calle, este último contándome luego sus anécdotas de cuando la rompía en las
salsotecas de Miami, yo contagiado por el momento hasta me atreví a olvidar mi
accidente, soltar el bastón y como los otros más llevados por la euforia del
momento, gozar cada uno de los temas tocados esa noche.
Me toco compartir mesa con
Francisco Torres el buen amigo que siempre recordaba de la época del cole, aquí
más bien parecía un deja vu como si hubiéramos regresado a las aulas y no
hubieran trascurridos esos 40 años, una gran persona, igual con Abelardo Vargas
y José Mesones, una gran mesa que me toco integrar; entre las muchas cosas
experimentadas esa noche a mi gusto más allá de las palomilladas de las
competencias de baile y los zarandeos al Cone, fue el canto del himno del
colegio, realmente calo hasta lo más profundo de mi alma, tenía la sensación de
integrar una gran logia secreta y participar en esos secretos rituales de
cantos gregorianos que se transmitian de generación en generación, un gran
momento solemne, y adelante las señoras cuales paparazis buscando la mejor
posición para inmortalizar aquel momento, añadir los gritos del fotógrafo
oficial el cual encaramado sobre una silla también hacia malabares por la mejor
posición, momento realmente inolvidable.
Pero como aquel sueño que tiene
que llegar a su final, o como aquel cuento que nuestras madrecitas de pequeños
nos contaban antes de dormir y decíamos para nosotros que no termine, empezaba
la cuenta regresiva, esta vez ya para concluir esta inolvidable noche, es así
que ya casi concluyendo la noche me toco compartir con grandes amigos de
siempre, Jorge Dávila y señora, una charla estupenda, como cerrando con broche
de oro esta celebración, conversar con la compañera de Fernando Ophelan, una
persona a la altura de como él lo es, entendiendo la razón por la cual Fer la
eligió para esa noche como su acompañante, ver a un Fernando no solo realmente
feliz , sino sentirlo feliz, todos quisiéramos que se repita esta noche mágica,
pero como en la vida se confabularon mucha cosas en ese momento que lo hicieron
irrepetible.
Agradezco el haber sido participe
de este gran día, el tener esa extraordinaria dicha de su amistad; y si, la
vida continua, hoy nuevamente en la rutina de nuestros días, pero esta vez con
la satisfacción de haber participado y disfrutado de una noche perfecta…
Ismael Zarate – Maelo
Producciones - 2020

Excelente se extraña el San Antonio, hablé algo con Víctor Gutiérrez del tema y sinceramente agradezco haber estudiado el el Colegio San Antonio.
ResponderBorrarQue tal forma de describir la noche memorable de la promoción 79 del colegio San Antonio del Callao.... Volvimos a lo nuestro a sentir a la gran mancha de patas divirtiéndose y entre abrazos y saludos volver a ser la familia... Gracias Maelo si valió la pena tu especial esfuerzo tu arte... Eres lo máximo cuenta conmigo hasta que Dios lo permita. Hermano.
ResponderBorrarMaelo incursionando en la narrativa. Una relato corto, diría yó, cortísimo. Interesante, más si se tiene como acontesimiento o hecho que se relata, un recuentro con sus compañeros de su promoción de su colegio. Inolvidable siempre para todo adolecente en sus vidas, la etapa escolar y más cuando la promoción se reunune, no bien dicen que "recordar es volver a vivir". Desde que se levanta temprano, departe con su familia y se prepara para el gran momento, hasta que llega la hora tan esperada en que se encuentra en el Club Regatas con sus compañeros de aula que fueron, no tan jovenes pero allí están con él departiendo alegremente, y recordando aquellos momentos de muchachos con sus maestros, sus vivencias en el cole, sus palomilladas...y bailando el genero que le gusta, la rica salsa. Y finalmente antes de irse orgulloso él como buen antoniano, cuando canta el himno de su alma mater: "Marchemos siempre alegres,Antonianos de amistad,preparándonos al futuro con estudios de calidad..."
ResponderBorrarmuy buen relato,pudiste plasmar un sentimiento que muchos tenemos, " tenía la sensación de integrar una gran logia secreta y participar en esos secretos rituales de cantos gregorianos que se transmitían de generación en generación, un gran momento solemne".. estupendo estimado amigo, un fuerte abrazo!!
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